Habitando es la manera como nuestro ser logra desenvolverse espacialmente. Los seres humanos somos en tanto habitamos y es precisamente tal habitar el que nos lleva, posibilitando siempre, a establecer algún tipo de relación con aquello que nos contiene, resguarda nuestro estar o, al menos, lo acompaña, significa y contiene. Habitar y hábitat dialogan o se vinculan a veces desequilibradamente.

La declarada pretensión de trabajar por la disolución del tiempo lineal como actitud metodológica, nos lleva a asumir a la heterocronía como a un recurso que posibilita una aproximación abierta e interrogativa y que en sí misma contiene también  implícito el cuestionamiento.

Entender a los lugares del habitar como realidades no independientes de nosotros implica replantearse siempre, caso por caso, la forma y el modo de aproximación  a las mismas, preguntándonos en cada instancia sobre la manera de dar cuenta de lo que se observa, usa, vive y evoca.

El habitar, al resolverse en el tiempo activa en nosotros los mecanismos de la memoria, de manera tal que ésta y los lugares establecen así un vínculo ineludible; sin embargo, hoy se continúa en la insistencia –no compartida- de marcar la diferencia entre los lugares en los que se vive y aquellos otros a los que –ante todo- se los señala, admira y valora especialmente. Cuestionar tal taxonomía no implica negar la condición de patrimonio sino, en cambio, ponerla en crisis para definirla desde otras perspectivas, dinámicas ante todo.

Frente a un posicionamiento como el propuesto se hacen indispensables nuevas asunciones epistemológicas, las que serán frecuente motivo de  interrogaciones y cuestionamientos en pos de precisiones provisorias y no por ello menos válidas, con la intención de hacerlo desde la frontera de las disciplinas y con una visión cartográfica.